Todo sobre la Oxitocina en el Parto

Por una serie de razones biológicas, en ocasiones el parto se retrasa más de lo habitual. A pesar de que la madre sale de cuentas y sobrepasa los nueve meses de embarazo, el bebé no sale de su interior. Si este suceso se extiende durante unos días, los sanitarios decidirán provocárselo para evitar que tanto ella como su hijo sufran daños. 


En muchos casos, se recurrirá a la cesárea, sin embargo, en otros tan sólo hará falta la administración de una serie de medicamentos para provocar en la madre los cambios físicos necesarios para que se produzca el alumbramiento.


Una de las sustancias más empleadas a la hora de inducir al parto es la oxitocina. Sus efectos beneficiosos en este sentido están más que probados y, aunque puede llegar a tener algún efecto secundario, su administración bien controlada conllevará un alumbramiento exitoso.


Desde que se descubriera en la década de 1950, se han experimentado varias formas de introducirla en el cuerpo, sin embargo, se ha concluido que la más adecuada y prácticamente la única efectiva es la intravenosa. Esto es así porque cuando se utiliza sintetizada su supervivencia en el cuerpo es relativamente breve. Es más, en contacto con las células intestinales pierde sus propiedades, es neutralizada.

Inyectada o aplicada en una de las varias formas de goteo existentes, la oxitocina llega directamente al torrente sanguíneo, donde sobrevive aproximadamente tres minutos. Parece poco tiempo, ¿verdad? Sin embargo, en esos poco más de 180 segundos es capaz de provocar cambios en el organismo fundamentales para que tenga lugar el parto, entre los que se encuentra la dilatación del útero y la estimulación de varios músculos de la zona de la pelvis.

Para diferenciar mejor su acción durante las diferentes etapas del parto, a continuación se realiza una distinción de sus efectos en todas ellas:

• Previamente al parto: la inducción: Como se explica anteriormente, la oxitocina tiene la capacidad de dilatar el cuello uterino, un aspecto fundamental para que se inicie el parto. En esta parte del proceso de alumbramiento, lo más habitual es aplicarlo en forma de goteo, mezclado en la bolsa de suero de la embarazada. En un primer momento, el ritmo normal será de entre 2 y 8 gotas por minuto, sin embargo, con el paso de los minutos se aumentará la dosis considerablemente, llegando a un máximo de 40 gotas. De ahí, no es recomendable pasar.

Los especialistas recomiendan interrumpir su administración si se observa un ritmo cardíaco más alto de lo normal en el feto; o si se tiene constancia de algún efecto secundario en la madre. Ahora bien, una vez comenzada la inducción, nunca se detendrá el parto. En caso de que fracase la oxitocina, se optará por otros métodos para dar a luz; o directamente por la realización de la cesárea que, si bien es la forma de alumbramiento más agresiva, es la que menos riesgo conlleva para el feto y, generalmente, para la madre.

• Después del parto: Además de para inducir al parto, la oxitocina también se emplea tras dar a luz, pues tiene una acción anti-hemorrágica muy interesante. Si bien no es frecuente, algunas veces el parto desencadena hemorragias internas en la mujer que deben ser vigiladas muy de cerca por los sanitarios. Insistimos en que no es habitual, pero puede conllevar complicaciones muy serias para la salud de la madre.

Para evitar la aparición de esta afección, la medicina cuenta con una serie de fármacos que se inyectan una vez se consuma el parto. Uno de ellos es la oxitocina. Lo normal es administrar entre 1 y 2 mililitros a la mujer y, así, aunque no se consigue evitar la hemorragia en algunos casos, sí que se reduce drásticamente la probabilidad de que aparezca. También se emplea cuando ya ha aparecido la hemorragia, en este caso, con dosis hasta 4 veces mayores, dependiendo de la gravedad que revista este problema.

• En partos por cesárea: Aunque los avances sanitarios conseguidos en las últimas décadas han conseguido que esta operación sea exitosa en la inmensa mayoría de las ocasiones en las que se practica, lo cierto es que no está exenta de riesgos. Uno de ellos es que se produzcan hemorragias internas tras la operación. Para evitarlas, se utiliza oxitocina, inyectada en una cantidad similar a la del punto anterior, es decir, de 1 a 2 mililitros.

• En abortos: Ocurre como en el punto anterior. Dado que es una operación invasiva, puede generar hemorragias internas. En caso de que se produzcan, se puede emplear esta hormona para contrarrestar sus efectos, siempre en una cantidad de entre 5 y 20 U.l.

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